Cristina y la “Anomía presencial intencional”



       Los argentinos asisten pasmódicos a las nuevas conjeturas nacionales presentadas a través de la “Cuarentena Mediática” establecida por la otrora presidente Cristina Fernández de Kirchner. De la figura del “Hiper-Presidencialismo” somos conducidos al estado de “Anomia presencial intencional”, encontrando la pretensión de validez en las declaraciones - de los diferentes paladines gubernamentales - al unísono que no cansan de repetir: “La presidenta está bien, gobernando, tomando decisiones”. 

La propia constitución intrínseca de esta nueva fase de comunicación, en detrimento de la tan y bien probada construcción personalista, lleva implícita la debilidad de no ser “Ella” quien comunique los actos de gobierno generando la percepción de  vacio o falta de protagonismo que los sectores no afines aprovechan para vertebrar la construcción de diferentes mensajes politicos: “Piloto automático”, “Desgobierno”, “Acefalia”, etc. que cohabitan en competencia por captar la economía de la atención de la opinión pública.

Así como en el derecho, hay un axioma que nos dice que “Todo lo permitido resulta de no estar prohibido”, en comunicación decimos que: “La ausencia de información, es la presencia de la incertidumbre”. O dicho de otro modo: “Cuando nadie informa, todo son rumores”.

Lo paradójico del caso, es que no asistimos a un escenario en ausencia de información sino por el contrario, a la descentralización de la misma en las diferentes figuras ministeriales y concetradas en particular en el jefe de gabinete. Y sin embargo, estamos en un casillero del tablero dominado por el rumor permanente. ¿Pero… y cómo podríamos explicar esta situación?

Fundamentalmente, las características obtenidas en este escenario, encuentran sus nutrientes en la percepción que lo reviste de veracidad; la retención que lo generaliza y la narración que lo perpetúa sobre la “Anomia presencial intencional” de la presidente (una vez dada de alta clínica y medicamente, que no es lo mismo que durante su operación y reposo) y, del cambio de interlocutor para con la opinión pública y el ciudadano.
La nueva frase de cabecera de Cristina: “Háblalo con Coqui” cala hondo en la percepción mediática acerca de su desconexión casi total y puso el acento en la dupla Capitanich – Kicillof,  quienes por otra parte, además de sortear los problemas de no ser reconocidos por sus pares al estar convencidos estos últimos, que es la dupla Zannini – Máximo quienes emanan y extienden las decisiones de “Ella”, deben transitar las diversas desavenencias y reajustes necesarios que toda labor de comunicación  gubernamental necesita y requiere al asumir las funciones.

Las causas precedentes, nos permiten explicar el porqué del estado de “Rumor permanente” en la cual, millones de Argentinos consumimos nuestros días vacacionales en convivencia armónica con las protestas policiales, acuerdos de precios, olas records de calor y algún que otro problema relacionados a la tan y siempre importante vuelta a la televisión de Marcelo Tinelli o Susana Giménez.

El gobierno convive con la premura yuxtapuesta de ganar tiempo para la recuperación postoperatoria de la presidenta y, por otra parte, con la necesidad de establecer los mecanismos de acción para combatir el estado de rumorología imperante. Como si la máxima periodística que versa que “el rumor es la antesala de la noticia”, el estado actual, es la antesala del próximo movimiento de los actores del gobierno. Y la ficha, esta vez volvió a caer de su lado.

En un ejercicio de disciplina prospectiva, los escenarios constituyen una vía de exploración de futuros posibles o plausibles a los que nos enfrentemos los argentinos en nuestro despertar vacacional. En ellos, debo alertar al lector, que sobrevuela el peligro de agravamiento de las arritmias y las responsabilidades que conllevarían. En un intento de optimismo, dejare de lado esta variable a fin de no contribuir a la especulación de lo que aún no tenemos medianamente una certeza.

1)     La “Gran Chávez”: En un intento de continuismo con los procesos bolivarianos, el gobierno decide la estrategia que he denominado como: “Él cuenta gotas comunicacional”.  Como si se tratara de la comunicación del fallecimiento de un ser querido entre un adulto y un niño. Aquí, lo que se intenta evitar es el bloqueo inmediato que hace la mente acerca de una mala noticia de esta naturaleza. No en vano las primeras expresiones que nos salen de adentro son: “No puede ser, debe haber una confusión...”. Como si el pueblo fuera un niño, se intenta en el caso de enfermedad prolongada ir advirtiendo y preparando al mismo, de que esto pudiera suceder en cualquier momento. Es decir, que la información se comunique lo antes posible, no significa que deba ser de golpe, sino que se puede comunicar de manera gradual y dosificada, como un goteo constante a fin de que pueda ir siendo asumida progresivamente buscando por un banda, minimizar el impacto de la gravedad de la enfermedad en los escenarios de gobernabilidad futuros y por la otra,  mantener y generar incertidumbre en la oposición, a  fin de resquebrajar su posible unidad en torno la “imposibilidad de conducción” de la actual mandataria.
Una escenario que para muchos, pese a convivir con la critica que evidencia que se está ocultando información para no admitir la disonancia de una Cristina enferma y débil, se está manifestando con la prolongación de la “Anomía presencial intencional”,  con el consecuente protagonismo del rol institucional ejercido por el jefe de gabinete (Coquis) y el desplazamiento cada vez más afuera de la vida pública de la presidenta. Para aquellos incrédulos a tamaña estrategia de comunicación política que intente sobrevivir hasta el 2015, no les sería piñón de sorpresa. A fin de cuentas, el kirchnerismo nunca dio cuentas de aquellos procesos que no pudiera cooptar a su favor, como lo pueden ser la inflación, la inseguridad, el empleo marginal o la pobreza estructural por lo que mucho menos, daría cuenta abiertamente de la enfermedad de Cristina.
Aquí el modelo radial de comunicación sería emanado por diversas fuentes (cada uno de los ministros) a la vez que las directrices y logros establecidos por el modelo, en lo que queda del mandato, serian de beneficio puro y exclusivo de la actual mandataria a  fin de continuar el relato de la conducción en la última instancia.

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2)  La “Gran Evita”: Si bien estructuralmente el modelo de comunicación preserva ciertas características con el precedente, los valores de las variables son diametralmente opuestas en este escenario. En primer lugar, el epicentro de la agenda política es el reajuste del relato a partir de la aceptación de la enfermedad como causante de imposibilidad para que “Ella” (dinámica y poderosa) no pudiera continuar eternamente al frente de esa Argentina Nacional y Popular con la que todo kirchnerista sueña y anhela. En segundo lugar, el objetivo de la comunicación de “Ella” ya no es informar/gobernar sino emocionar. El escenario se encontraría revestido por el asfixiante “Melodrama de la supervivencia” con el fin de proyectar empatía que permita incrementar la imagen de la presidenta. Y por último, en tercer lugar, la percepción de Cristina estaría más cerca de la "Compasión"  que de la "Crispación".

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3)     La “Gran Lula”: Un escenario tipificado básicamente por el reconocimiento abierto y franco de la enfermedad aquejada y de las diferentes limitaciones. Ello surge de considerar un entorno de mayor transparencia y respeto a la ciudadanía moderna que merece ser informada sobre cuestiones públicas de vital importancia. Diversos actores manifiestan que este es el escenario actual de la comunicación gubernamental. Prueba de ello, lo constituye las propias  intervenciones presidenciales, donde incluso "Ella” misma (en un acto totalmente premeditado) muestra las cicatrices de la intervención con el objetivo final de cristalizar el atributo de “Fuerza” frente a las adversidades.

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4)   La “Gran Cristina”: Y por último, con la reaparición pública en diversos roles y espacios de vital decisión y gestión política, la "eterna" Cristina acalla todas aquellas voces acerca de su imposibilidad para ejercer el poder y la conducción del movimiento y nos redobla la apuesta, con un final trepidante de su mandato que nos viene a dejar muy en claro su mensaje: “Mi gobierno termina en el 2015, pero no mi liderazgo ni mucho menos mi conducción. Quien quiera gobernar Argentina, tendrá que ser con la bendición de la Señora de todas las Señoras”. Si bien este escenario puede constituirse como el “Ideal” para todos aquellos defensores del modelo, constituyen también un oportunidad única para ver cómo se entreveran diferentes atributos y características de los escenarios previsto con anterioridad, que seguro adoptara una forma única en dependencia del tipo de liderazgo, de la situación de gobernabilidad y por supuesto y de vital importancia: del tamaño de gravedad de los inconvenientes de salud de la presidenta.

Sea cual fuera, hay una necesidad que recorre los 4 escenarios. "Ella" necesita terminar bien su mandato a fin de continuar con la relación centrípeta de poder que le permita de máxima, ungir el candidato depositario del continuismo del relato y de mínima, estar en situación de ser la garante inexpugnable de cualquier acuerdo político que necesite de su venia para cualquier nueva construcción que detente el poder después del 2015.