La Comunicación Política Centralizada. el PP y el PRO.

Posted by SEBASTIAN BERTRAN LAMAS on 8:13 a. m. with 1 comment
      
 Sumergidos en las corrientes submarinas de la actual situación de los comunicadores políticos, quería cuando menos advertir, una tendencia que viene contando no solo con varios adeptos sino que también, viene arrasando en los diferentes ámbitos de fuentes de poder. 

La reinterpretación de la red en la comunicación Política, es el resultado de un proceso de modernización; donde hay una mayor profesionalización de la comunicación de los políticos. Y en ella, la centralización de la comunicación política ya no solo es una máxima en las campañas electorales, sino que en las esferas del gobierno y de todos aquellas delegaciones a fines al partido gobernante, es la nueva tendencia habitual.

Frente a los miles de blogs personales, de cuentas en redes sociales, el auge de twitter, de facebook, etc., el lema: “Nosotros controlamos el mensaje y utilizamos los diferentes canales a favor de potenciar la comunicación de nuestro líder, es la norma básica que pareciera imponerse en los nuevos gobiernos”. – Dice Sebastian Bertran Lamas -  Director de Vab-Consulting (Investigación & Comunicación Pública)
Es como si fuera un imperativo que disciplina a todos los actores para que estos construyan y pateen para el mismo lado. Es decir, actores que trabajan y actúan en función de tirar pelotazos para el líder o el jefe que los aglutina. 

El sistema parece probado y estable. Le confiere mayores potencialidades a la hora poder establecer un mensaje político con éxito. En cierto modo, es posible que la comunicación centralizada sea mas clara, más rápida, más precisa, mas ordenada y también otorgue privilegios e independencia a quienes la establecen. En detrimento claro esta, de la subordinación y falta de autonomía de quienes la reproducen. La misma, requiere de una buena relación entre los mandos jerárquicos (diferentes directores de prensa, de departamentos de comunicación, community managers, etc.) a fin de aceptar con lealtad la comunicación de las decisiones políticas y poder reproducirlas con absoluta fidelidad.


Dos casos que me han llamado poderosamente la atención y que son ejemplo de la comunicación centralizada, lo constituyen el gobierno de Mariano Rajoy en España y la jefatura de gobierno de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires.
En el primero de ellos, todo lo que tengan para comunicar los diferentes presidentes de comunidades, los distintos alcaldes y otros funcionarios del PP, pareciera definirse de antemano en las sedes de Moncloa. Nadie parece alzar la voz en términos discordantes ni salirse ni un ápice del argumento planteado desde el gobierno. La imperiosa necesidad de pilotar un país con mas de 5 millones de parados, exige al menos el intento de parecer un gobierno fuerte, unido, con un liderazgo solidó e indiscutible. 
La máxima de García: “Cuando hay un incendio las ordenes no se discuten” es la dominante de pies a cabeza en todos los estamentos de poder del Partido Popular.


En el segundo, a excepción de alguna que otra personalidad excéntrica (como podría llegar a ser la del ministro de cultura: Hernán Lombardi) el resto de miembros y funcionarios del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, prácticamente ven confinada su comunicación política a los relatos testimoniales o descriptivos. Todo se decide y se baraja en la sede de Bolívar Nº 1, desde donde se vigila férreamente la actividad de comunicación de todos sus miembros. 
Hay que saber diferenciar: no negamos que hayan mensajes políticos por diferentes miembros (Horacio Rodríguez Larreta – Santilli, etc.) sino que la presencia de los mismos, esta dada en función de la aprobación o no del centro de comunicación política del jefe de gobierno.

En ambos partidos (como en muchos otros que rige la misma red de comunicación) y a falta de grandes internas, la lógica totalitaria: “Todo dentro de lo que aquí se comunica y nada por fuera de ella” pareciera imponerse con total y absoluta normalidad. Es la lógica que todo consultor político aplicaría en estos tiempos.
 

Ahora bien, pero… y que pasa con lo segundos mandos intermedios? Que hay con otras personalidades del partido que tienen y desean mayores aspiraciones políticas? Que pasa con los intendentes con intenciones de vuelo propio? Que pasa con los ministros que tienen aspiración  o proyecciones políticas?
Tienen derecho, pueden y deben ejercitar una política de comunicación política propia? Una comunicación que lógicamente este armada en función de sus atributos, de sus cualidades, de sus fortalezas, de su historia y de sus condiciones individuales.
O deben, como en mucho de los casos actuales, contentarse con una comunicación testimonial, abocada a la presencia en los medios de modo que no genere contenido o si (cuando se decida en Bolívar) con ninguna definición política?

Todo a veces pareciera relativo. Se les sube o se les baja el pulgar según se decida en la casa de gobierno de la ciudad.

Es decir, no dudamos de las ventajas que confiere el tener una red centralizada de comunicación política, solo nos animamos a puntualizar, que debe existir al  menos un espacio donde confluyan los actores afectados por la actividad política de gobierno. Una mesa de coordinación de comunicación integrada por representantes de estos miembros, donde se puedan reflejar todas las partes y así poder potenciar el logro de objetivos en común, a partir de tener en cuenta las fortalezas y debilidades de cada uno de sus miembros.

La política sea quizás, el ultimo refugio donde todos los clichés de las organizaciones en materia de comunicación (a saber, la importancia para que los individuos puedan comunicar sus sentimientos, sus opiniones, sus percepciones y motivaciones) deben imperiosamente dejarse de lado. Pero ello no implica que una buena gestión de la comunicación centralizada, deje de potenciar todos los mejores atributos y fortalezas de casi todos sus miembros. Y para ello, es necesario un espacio que discuta las mejores estrategias argumentativas en función de la calidad de los miembros y actores que la componen.
De este modo, recobraría fuerza y espacio la labor del comunicador político como figura importante y en alza en cualquier estructura de gobierno, formando parte de esta mesa y teniendo un horizonte mayor de mercado laboral para ofrecer sus servicios.